Aporofobia | Un iPhone no crece en las palmeras

La aporofobia es el miedo y rechazo a las personas pobres; un sentimiento que se alimenta de mentiras y desinformación.

Uno de los vídeos del momento, al menos el último que me ha llegado por Facebook, es el de un joven, aparentemente marroquí, que viaja en patera; graba su experiencia como miles de instagramers graban su visita al último restaurante de moda. Un delito imperdonable -o una excusa más para argumentar la xenofobia- para quienes conciben la pobreza como un estado de servilismo y ausencia de cualquier atisbo de normatividad.

El texto que acompaña el vídeo -no reproduzco literal porque he eliminado la publicación y no he logrado recuperarla- usa las imágenes para defender una visión racista y sesgada. Se afirma que el joven (mena) alardea de venir a España a cobrar 664 euros, sin trabajar, sin merecérselo y encima usando un móvil cuando “un Iphone no crece en las palmeras”.

Menores no acompañados

Un menor extranjero no acompañado no cobra 664 euros. Los tutelados son menores por lo que no reciben ayudas.

En ocasiones, las familias que ejercen acogimiento y siempre que se cumplan ciertos requisitos pueden solicitar ayudas económicas para costear los gastos del menor, pero NUNCA es el menor quien recibe esa ayuda.

Muchísimos menores acaban tutelados en instituciones o trasladándose a otros países. Una mentira más para alimentar el odio.

Edad para trabajar

En España la edad mínima legal para trabajar es 16 años, quienes para hacerlo deberán aportar autorización de padres o tutores.

Residencia legal, titulación, experiencia… Si encuentra un empleo será en trabajos de baja cualificación y/o con pésimas condiciones laborales. Con suerte, cobrará tres euros la hora. Esta es la triste realidad de los temporeros.

Ayudas Sociales en Estado de Bienestar

Las ayudas sociales que se conceden a personas con dificultades económicas no se otorgan por meritocracia sino por variables ECONÓMICAS respetando los principios de igualdad y sostenibilidad. Nunca se otorgan a menores.

El estigma de la pobreza

Yusra Mardini (Damasco, 1998) en su novela biográfica narra cómo era su vida antes de abandonar Siria, el viaje hasta Alemania y cómo una vez allí le ofrecieron la oportunidad de ser nadadora olímpica.

A lo largo de la historia y el drama hay varios puntos en los que Yusra cuenta que, cuando ya había estallado la guerra, seguían arreglándose y saliendo de fiesta; incluso durante su durísimo viaje hasta Alemania, Yusra y sus compañeros deciden comer en un McDonald’s. Incluso su primo compartía fotos y publicaciones en rrss para que sus familiares y amigos supieran que seguían vivos.

Salir de fiesta en mitad de una guerra; comer en un McDonald’s cuando se está huyendo de las bombas, tras casi perder la vida en una patera; subir un stories a Instagram… La vida desde la perspectiva de una persona de clase media que busca normalidad en mitad de caos. Sí, clase media, porque Yusra y sus amigos tenían una casa, tenían ordenador, Internet, teléfono móvil, iban a la escuela, estudiaban inglés y salían de fiesta.

Se tiene una concepción muy concreta del inmigrante. Es una persona sin dinero, ropa, trabajo ni comida que llega a España por necesidad. Cualquier aspecto que varíe de esa descripción supone un auténtico shock porque cómo alguien que sabe idiomas, tiene estudios y tiene móvil puede viajar a España en patera. Y sí, muchas personas provienen de zonas rurales o deprimidas, carecen de formación y recursos, pero… ¿por qué aspirar a una vida llena de comodidades es un delito imperdonable?

No somos capaces de empatizar y ponernos en los zapatos del otro, usamos una doble falsa moral para encubrir la realidad: el egoísmo subyacente en la no aceptación del inmigrante. Y digo inmigrante y no extranjero porque en el argumentario de muchos el primero es el pobre y el segundo el que tiene recursos. Aporofobia. Duele más que vengan sin dinero que vengan de otro país o continente; como si tuviera que importarnos una cosa u otra.

Telefonía móvil e Internet

Desde comienzos de siglo las empresas de comunicación han ido ampliando su red para dar servicio y las compañías de telefonía han saltado de uno a otro continente para garantizar las ventas de dispositivos.

Esto unido a la labor de asociaciones no gubernamentales que han visto en las nuevas tecnologías una oportunidad para acceder la información y a la educación como vía para luchar contra la pobreza ha disparado el acceso a Internet y a dispositivos móviles en países de África y Asia, considerados subdesarrollados.

No, un Iphone no crece en las palmeras, pero en muchos puntos del planeta es más sencillo acceder a un smartphone que al agua potable.

El peligro de la desinformación

Debemos hacer un esfuerzo por detener las cadenas del odio y la mentira que alimentan ciertos sectores para reforzar su racismo, xenofobia, aporofobia.

Para ello, tenemos que concienciarnos de la importancia de revisar y dudar de la información que nos llega por redes. No todo es cierto, no todo es sano, no todo está bien.


Redacción: Annabel Navarro.

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Annabel

Técnica en Marketing Internacional. Graduada en Trabajo Social y colegiada en el CPTS de Cádiz. Autora de ficción con más de una decena de novelas publicadas. Escritora de romántica para adultos bajo seudónimo. Blogueando desde 2011.

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