pintura

Winegogh | Cuando juntas vino, risas y pintura

Reservé una sesión de Winegogh en Sevilla sin saber muy bien qué esperar. Solo tenía claro que iba a ser un plan diferente: pintar, beber vino y pasar un rato con amigos fuera de la rutina.

Nos juntamos los tres: la de las ideas sin talento, el perfeccionista y la amante del vino. Y allá que fuimos a pasar una tarde diferente y divertida, aunque no tan memorable como esperábamos. No te preocupes, no voy a hacerte spoiler, tendrás que seguir leyendo para averiguarlo.

Cuando entramos en el local pudimos elegir dónde sentarnos. El material ya estaba repartido y listo para usarse, así como un delantal para evitar que nos ensuciáramos, aunque mi vestido acabó lleno de pintura neón y sigo sin saber cómo fue posible. ¿Podemos echarle la culpa al vino? ¡Podemos!

Una vez sentados y tras la presentación de la profesora, su compañera repartió vino, dando a elegir entre blanco o tinto. A medida que la clase avanzaba, se encargaba de que tu copa nunca estuviera vacía. Aunque el vino no era de la mejor calidad, cuando vas a este tipo de actividades sabes que lo importante es la experiencia: pasar un rato diferente y agradable con amigos.

Además, no hace falta saber pintar, porque la monitora va dando indicaciones para que tu resultado sea lo más parecido posible al que ella realiza. Bueno, excepto si eres como yo, y la botella que tienes que dibujar acaba pareciendo una cantimplora multicolor. ¡Acertaste! Yo soy la de las ideas sin talento.

Como había elegido la sesión “neón”, apagaron las luces para que pintáramos con una iluminación tenue y ultravioleta, lo que otorgó a la sala un atractivo juego de luces que hizo que la sesión fuera muy especial.

Todo iba genial hasta que el ambiente se volvió bastante tenso. Obviamente, no teníamos la intención de salir de allí siendo expertas ni con una obra maestra bajo el brazo, pero cuando juntas vino y despedidas de soltera, no siempre es una buena combinación. Nos tocó un grupo de chicas que se dedicó a gritar, molestar y no respetar cuando la profesora hablaba. Una falta de respeto constante que enturbió el ambiente. De hecho, la pobre chica suspiraba y pedía, por favor, un poco de atención. Un despropósito.

En general, la experiencia fue muy interesante. La idea y el formato me parecen originales y atractivos. Lo único que no hizo que la disfrutáramos al 100% fue ese grupo de chicas que impidió que la actividad se desarrollara en un ambiente tranquilo y distendido. El resto pintamos, bebimos, hablamos y nos reímos, pero sin molestar a los demás.

Supongo que sería interesante que se organizaran las sesiones según el tipo de público, reuniendo las despedidas en una misma sesión o limitando los horarios para que no molesten al resto, como fue nuestro caso. También, —sugerencia de la amante del vino— que se permita elegir la calidad del vino, aunque suponga un suplemento, y que se sirva en copa (nos lo dieron en vasos).

En resumen, te recomiendo que acudas a una academia Winegogh porque la experiencia merece la pena, y si te toca gente molesta… paciencia, mucha paciencia.


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