Traducir una novela fue fácil. Recuperarla, no tanto

Traducir una novela fue fácil. Recuperarla, no tanto

Cuando publiqué mi novela en Babelcube pensé que había encontrado una forma sencilla de traducirla a otros idiomas. Años después descubrí que sacar un libro de la plataforma podía convertirse en un auténtico quebradero de cabeza.

Sinceramente, no leí las condiciones o, si lo hice, no les presté la atención que merecían. Así que, cuando decidí retirar todas mis novelas autopublicadas del mercado para reeditarlas y ofrecerlas desde una perspectiva que, a mi juicio, era más madura y profesional, me encontré con un enorme muro de cemento. Fue entonces cuando fui realmente consciente de la importancia de leer la letra pequeña.

Había dos problemas principales con los que no contaba. El primero: cuando aceptas que traduzcan tu novela a través de Babelcube, adquieres un compromiso de cinco años. Una vez transcurrido ese plazo, el contrato se renueva automáticamente cada año, salvo que comuniques lo contrario. El segundo: si la traducción ya ha sido aceptada y publicada, solo pueden cancelarla si el traductor está de acuerdo y lo comunica a la plataforma.

¿Qué? ¡¿Qué?!

La historia de cómo aprendí, como autora independiente, que leer la letra pequeña puede ahorrarte años de quebraderos de cabeza

La pequeña criatura que había nacido de mí ya no me pertenecía en exclusiva. Ahora tenía dos progenitores que debían ponerse de acuerdo para decidir sobre su futuro. Lo siento, queridos traductores, pero en aquel momento sentí que mi novela había sido secuestrada.

En mi caso, la tenía traducida al inglés y al italiano. La versión inglesa se retiró prácticamente de inmediato. Hablé con el traductor, le expliqué los motivos de mi decisión y no puso ningún inconveniente. La italiana, en cambio, se convirtió en mi gran pesadilla. Imagina que inicié los trámites en 2022 y no recuperé mi novela hasta 2025.

El problema fue que la traductora italiana había dejado de utilizar la plataforma y su inactividad hizo que tardara meses en leer mis mensajes. A eso se sumaba que todavía no se había cumplido el plazo de cinco años. Lo que te decía. Una auténtica pesadilla.

Y cuando, por fin, la traductora dio señales de vida y aceptó retirar la novela, los astros decidieron alinearse en mi contra. El libro quedó bloqueado en Amazon. Escribía una y otra vez a Babelcube y mi novela seguía a la venta en su versión traducida. Nadie me daba una solución. Solo recibía explicaciones sobre procesos automáticos y distribuidores mientras yo pensaba: «No tengo ni idea de qué cable se ha cortado, pero esto no funciona».

Fue entonces cuando mi cabecita loca empezó a darle vueltas al asunto hasta que pensé: «los derechos de autora son míos. ¡Vamos a reclamarlos!».

Amazon permite denunciar posibles infracciones de derechos de autor, así que cumplimenté el formulario, facilité toda la documentación que me solicitaron —incluida la inscripción de mi novela en el registro— y esperé.

Tras casi tres años de gestiones, correos y paciencia, mi novela volvió a ser completamente mía.

Después de esta aventura, mi consejo es que leas muy bien las condiciones del contrato, ya sea con Babelcube o con cualquier otra plataforma, y tengas presente que cancelar una traducción puede no ser un proceso tan sencillo como parece. Mi experiencia fue esta, aunque la tuya podría ser muy diferente.

Cruzo los dedos para que así sea.


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