No soy una buena nadadora, a pesar de haber crecido junto al mar. Cuando éramos pequeños, mis hermanos y yo pasábamos los veranos en la playa. Nadar era algo que formaba parte de nosotros, pero, como siempre fui más de otro tipo de actividades, me limité a aprender lo justo y necesario para flotar.
Siempre he respetado el mar. Nunca me ha gustado adentrarme más allá de lo imprescindible. Lo cierto es que no me gustan (¿o gustaban?) las situaciones que escapan a mi control. Como puedes intuir, si mi vida dependiera de mi capacidad para nadar, estaría en serias dificultades.
De refugiada a nadadora olímpica
Descubrí la historia de Yusra Mardini y de su hermana Sara hace muchos años. No sé muy bien qué me empujó a leer su biografía, titulada «Mariposa. De refugiada a nadadora olímpica», pero lo hice.
Vivir, a través de los ojos de Yusra, cómo era Siria antes de ser reducida a un montón de escombros, conocer su pasión por la natación y descubrir su historia de supervivencia me resultó tan interesante como desconcertante.
Por otro lado, la actitud de Sara, que al principio percibí como soberbia, terminó haciéndome reflexionar sobre cómo cada persona afronta el miedo, la pérdida y la incertidumbre de una manera diferente.
Lo cierto es que no pude evitar emocionarme y reflexionar sobre un conflicto que buscaba un cambio positivo para romper con el autoritarismo, la corrupción y la pobreza y culminó en hambre, terror y miseria.
Nadadoras | La película
La película, fiel reflejo del libro, recurre a elementos visuales sencillos, pero impactantes, que muestran el contraste entre la lucha por mantener la cotidianidad y la dura realidad que viven mientras, por ejemplo, misiles surcan el cielo y destruyen la ciudad. Y es ese contraste y esa forma de contar la historia que tiene la directora, Sally El Hosaini, lo que consigue que el espectador acompañe a sus protagonistas en cada emoción. Las admiras, las cuestionas, sufres con ellas y entiendes sus decisiones.
Yusra se aferra a su sueño de ser nadadora olímpica a pesar de las duras vivencias a las que sobrevive. Primero como una afición compartida con su padre y más tarde como una forma de recuperar su identidad, asentarse en Alemania y reunir a su familia.
Porque, a veces, un sueño no es solo una meta. A veces es la manera que encontramos para seguir avanzando cuando todo lo demás parece haberse perdido.
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