Cuando decidí obligarme a hacer planes en solitario, no fue porque fuera valiente, independiente y atrevida. Fue más por la necesidad de romper con el sentimiento de que el tiempo se me escapaba de entre mis dedos sin, realmente, vivir.
Sin embargo, dar el paso de viajar sola o probar actividades nuevas, no significa que no tenga miedo, vergüenza y ganas de salir huyendo. Es, simplemente, que a pesar todo eso, en lugar de dar marcha atrás, sigo adelante por la satisfacción de decirme a mí misma: Annabel, pudiste hacerlo.
Pilates, brunch y collares
Buscando algún plan diferente para hacer una mañana de verano, descubrí por casualidad, como todos mis grandes descubrimientos, un evento que combinaba deporte (pilates), un brunch saludable y un atelier de abalorios. Puedes ver un resumen del evento en mi perfil de Instagram.
Hay algo que no verás en Instagram. Los nervios que me bloqueaban y me gritaban: ¿Para qué te haces esto? Llegué sin conocer a nadie. Todas iban acompañadas con alguna amiga o en pequeños grupos. Por lo que me sentía como la única persona que había llegado sin saber dónde sentarse.
Por suerte, la clase de pilates comenzó pronto, así que durante cuarenta minutos pude evitar lamentarme de mis malas decisiones. Era la primera clase de pilates a la que acudía en mi vida, así que me coloqué al fondo y lo hice lo mejor que pude.
Luego vino el desayuno y ahí, de verdad, que lo pasé bastante mal. Comía, iba de aquí para allá, fingía escribir en el móvil, hacía fotos… pero no me sentía cómoda con la situación. Por suerte, una señora se apiadó de mí y me adoptó en su grupo. ¡Gracias, señora de la que no recuerdo el nombre! Estuve a punto de recoger mis cosas y fingir un imprevisto familiar.
A continuación, fue el turno del atelier. Algo que disfruté mucho. Con ayuda de la monitora logré hacerme un bonito collar veraniego y, como me sobró tiempo, aproveché para hacerme también una tobillera a juego. Después de eso, para mí había sido suficiente. Recogí mis cosas, me despedí de la señora y su grupo y regresé a casa… ¿victoriosa?
¿Próximo evento?
Sé que tengo muchos obstáculos que superar, muchos retos a los que enfrentarme y mucho en lo que trabajar, pero estos pequeños pasos, que para mí son gigantes, son el precio que tengo que pagar para convertirme en la mujer que quiero ser. Para que, cuando el paso de los años me impida abandonar el sofá y mis sobrinos me pregunten cómo era yo de joven, poder decirles con satisfacción: nunca tuve suerte en el amor, pero hice de mi vida mi pequeña gran aventura.
Sin duda, el éxito de aquella mañana no fue hacer pilates, ni el collar, ni siquiera atreverme a ir sola. El verdadero éxito fue no hacer caso a esa voz que llevaba toda la mañana diciéndome que me fuera a casa.
¿Te ha gustado este artículo? Si quieres apoyar mi trabajo y ayudarme a mantener la web, puedes invitarme a un café. Este blog no está patrocinado. Algunos enlaces pueden ser de afiliados (Amazon, Shein, Freshly), lo que no cambia el precio para ti pero ayuda a sostener el proyecto. También puedes seguirme en Facebook, Instagram o Threads para no perderte nuevas publicaciones. Si tienes alguna sugerencia, puedes escribirme a través del formulario de contacto. ¡Gracias por leerme!

