No te preocupes, esta Navidad lo tendrás TODO

¡Feliz Navidad!

Comienza la cuenta atrás para despedir el año y ya muchas madres y padres están a la caza de los regalos para que el día de Reyes a los pequeños de la casa “no les falte de nada”. Los niños y niñas tienen que tener TODO lo que quieran: todos los juguetes, los últimos videojuegos, la consola de moda… y un largo etcétera de tratos adornados con un bonito lacito.

No importa si la cuesta de Enero se convierte en un rascacielos de 80 pisos que tenemos que sortear, si los próximos cuatro meses estaremos comiendo sopa de sobre o si tendremos que acudir a los Servicios Sociales para que nos ayuden con el pago del agua y la luz; lo realmente importante son los deseos de los niños y niñas de la casa, ellos/as no tienen la culpa de que llevemos tres años desempleados o el sueldo, del trabajo que por fin encontramos, no nos otorgue ni la categoría de mileurista.

Y si no podéis hacer frente a los gastos de esta época, ya sabéis, a pedir un préstamo que los hay que te los dan en 24 horas y un alto interés, a recurrir a la pensión del abuelo y apretarse el cinturón que la próxima fiesta está muy cerca. ¿Qué aún así no salen las cuentas y hay que suprimir cosas de la lista? Asumidlo, sois unos padres pésimos, unas madres egoístas y unos abuelos nefastos. Pensadlo por un momento… ¿por qué nuestras niñas y niños tienen que pasarlo mal en Navidad cuando los adultos podemos hacer un sacrificio?


La sobrecompensación de los menores

Si has llegado hasta aquí y has conseguido captar la sutil ironía, te habrás dado cuenta por donde van los tiros de este artículo. Y no, no voy a hacer un alegato a lo Grinch, disfruto mucho de esta época (a mi manera); tampoco vengo a demonizar el consumismo. Mi intención es reflexionar sobre un tema que siempre me pone de mal humor cuando llega la Navidad: la sobrecompensación de los menores.

Antes de la crisis pensaba que el motivo era que los padres pasaban mucho tiempo fuera de casa trabajando, así que cuando llegaba esta época querían llenar a los hijos de regalos para recordarles cuánto los querían, aunque no se vieran mucho. Cuando la crisis tomó forma en despidos masivos, recortes y reducción de nóminas, las compras descendieron y muchos asumieron que era un momento de hacer sacrificios; pero el momento mesura duró poco. He sido testigo de familias que se endeudan para que sus hijos e hijas lo tengan TODO; familias que alardean en redes sociales de comprar una ingente cantidad de juguetes; cuyo fin es más la ostentación que el disfrute del niño/a y demás necedades; pero… ¿tenerlo todo no afecta al desarrollo del menor?


No te preocupes, esta Navidad lo tendrás TODO

Hemos acostumbrado a los niños a que si quieren algo lo van a tener; sin preocuparnos si han sido “buenos o malos”, o si hacerlo es coherente, oportuno y adecuado. Son nuestros hijos y queremos lo mejor para ellos; sin importar lo que suponga. Criamos a menores que acaban pensando que tienen el derecho a recibir, sin sacrificio ni esfuerzo; les enseñamos que lo importante es la ostentación; hacemos suyo el mantra del “tanto tienes, tanto vale” y nos olvidamos de que el día de mañana tendrán que enfrentarse a una realidad que no suele ajustarse a nuestros deseos. Estamos educando a futuros adultos que se frustrarán cuando no consigan lo que desean; les costará dominar sus emociones; no se desarrollarán adecuadamente; no madurarán acorde a los factores sociales reales, no serán seres responsables ni entenderán el significado del trabajo en equipo.

Esta Navidad recuerda: revisa prioridades; trabaja y habla con tus hijos; otórgales responsabilidades y cuida los excesos. El amor no se mide en regalos, se mide en momentos; y un NO hoy, puede significar un final feliz mañana.

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