Aunque me niegue a reconocer que fue parte de la crisis de los cuarenta, lo cierto es que fue al convertirme en cuarentañera (sí, cuarentañera) cuando me planteé algo importante: la vida debe ser un cúmulo de experiencias, no de sueños por cumplir. Y allá que fui a hacer escalada, me apunté a HBX Boxing y a pilates, e intenté hacer parapente.
Parapente Vejer
Busqué opciones y encontré esta. Son gente de la zona, con certificado oficial; amantes del vuelo que dejan muy claro que no saltarán si hay riesgo o el viento no acompaña. Cuando reservas plaza, primero pagas 25 € y el día del salto, el resto (60 €). A continuación, te llega una guía con toda la información y te agregan a un grupo de WhatsApp donde van publicando los días de salto. Las plazas son limitadas, así que tienes que ser rápida para apuntarte.
Una vez que se te asigna el día, te piden peso y altura para indicarte la hora prevista en la que harás el vuelo.
El gran día
Durante meses me fue imposible coordinarme con ellos para poder acudir a un día de salto. El horario me coincidía con el trabajo, el tiempo no acompañaba y había pocos días organizados… así que, tras mucha espera, pude ir al gran día.
Por mi peso y altura, se me asignó un monitor y una hora de salto según las indicaciones de la meteorología.
Me citaron a las 17:30 h para saltar aproximadamente una hora después. Ahí pude ver cómo era, realmente, la experiencia… a través de los ojos de otro.
Esperé, esperé y esperé. Hasta que, de repente, el viento cambió y apenas se convirtió en una ligera brisa; ahí supe que no saltaría aquel día… ni ningún otro.
Te lo agradezco, pero no
Tras estar esperando durante horas y tener que posponerlo, pensé: si hay gente que no se marea nunca y se encontró mal, yo que me mareo hasta viendo una película en primera persona, ¿me merece la pena ser un pájaro durante treinta minutos?
Las más atrevidas dirán: “Sí, por supuesto, merece la pena”. Yo dije… “gracias, pero no”. Y cancelé mi “sueño” de hacer parapente por la experiencia de pasar una tarde viendo volar a quienes les apasiona tocar el cielo con los dedos.
Y tú, ¿lo has probado? ¿Te gustaría hacerlo? Te leo en los comentarios.
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