Una tarde en Kanchanaburi #microrrelato #microabuelo

Cruzó la calle con su mochila a la espalda; unos escasos cinco metros lo separaban de su destino. Con la cabeza gacha, el gesto recio y el paso firme, Iván fue cubriendo el trayecto hasta hallarse frente a la puerta tras la que se escondía su refugio; un pequeño paraíso donde los caramelos no estaban prohibidos, sus dibujos adornaban las paredes, sus juguetes tomaban vida y era el protagonista de mil y una aventuras. Presionó el timbre y esperó impaciente a que le dieran la bienvenida. Un hombre canoso, con arrugas en los ojos y unas gafas de alambre le saludó con una enorme sonrisa. Su abuelo no necesitó indagar sobre lo que le sucedía; era habitual que el pequeño huyera de su casa, al final de la calle, cuando los gritos eran más fuertes que sus propios pensamientos. “¿Has estado alguna vez en Kanchanaburi?”, le preguntó mientras  le invitaba a pasar. El pequeño negó con la cabeza. “¡Perfecto! Prepárate para un increíble viaje en elefante”; reveló el abuelo, mientras en su mente ya ideaba cómo hacer que su salón se convirtiera en la bella ciudad de Tailandia.

Microrrelato para el concurso SWEEK – Palabra de la semana “Abuelo”

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