#TrabajoSocial |Desmontando mitos sobre la violencia de género (II)

Los mitos que muestran a mujeres eligiendo ser maltratadas o disfrutando de la violencia que padecen, nos hacen tener una predisposición negativa ante ellas, provocando en la sociedad un efecto ofensivo, no sólo para las víctimas de la violencia de género sino para todas las mujeres.

A continuación, recogemos algunos de los mitos que existen en nuestra sociedad sobre la violencia de género:

Mito. “La violencia la sufren un tipo concreto de mujeres, con características muy estereotipadas, mujer pasiva, joven (entre 20 y 35 años de edad), sin trabajo remunerado, con descendencia y que vive con una persona conflictiva (abuso de alcohol, drogas, o en desempleo…)”.

Realidad. Hay que tener en cuenta que cualquier mujer puede sufrir una agresión. No hay un tipo de mujer que tienda a ser maltratada, o a tener una agresión sexual… Con esta idea sólo se consigue simplificar el problema e inducir a pensar que es una situación que afecta sólo a determinadas mujeres y estigmatizar a quienes lo han sufrido, aislándolas y condenándolas al silencio.

Mito. “Si no se van es porque les gusta”.

Realidad. A veces nos hacen creer que las mujeres no se separan de los hombres maltratadores porque disfrutan con las agresiones. La dependencia económica, la falta de relaciones afectivas donde apoyarse y el estado emocional en que se encuentran: pérdida de autoestima, depresión, miedo…, unido a la esperanza de que su pareja cambie, son entre otros, los motivos por los que una mujer tarda en tomar la decisión de abandonar a su agresor. La violencia de género es todo un conglomerado de fases de pérdida de identidad y aislamiento por parte de las mujeres, “dar el paso” requiere de una reconstrucción interna, una toma de conciencia y un ejercicio de autoestima, vulnerada normalmente en estas situaciones.

Mito. “Cuando las mujeres dicen NO quieren decir que SÍ”.

Realidad. Los hombres violentos piensan que las mujeres no se atreven a manifestar sus deseos sexuales y por ello “creen” que las tienen que obligar o forzar. Es una forma de manifestar su “poder”. Cuando una mujer dice No, siempre significa NO, es que no quiere, y obligarla, es una violación.

Mito. “En el caso de que tengan hijas o hijos es mejor que aguanten”.

Realidad. Si la mujer es agredida, los niños y las niñas presenciarán la humillación de sus madres, convirtiéndose en testigos, y, en muchos casos, también, en víctimas directas; produciéndose trastornos de conducta, salud y aprendizaje. Los niños y niñas incorporarán un modelo de relación agresivo, que reforzarán con sus compañeros, compañeras y amistades. Este modelo puede ser reproducido en futuras relaciones de pareja o con sus hijas o hijos e incluso hasta con sus propias madres. (Este razonamiento se está poniendo en tela de juicio porque de alguna forma se ha convertido en un discurso determinista y lo que dicen los y las terapeutas es que la reacción posterior de estas personas es múltiple y no implica necesariamente la repetición de modelos).

Mito. “El violador es un enfermo mental y no es plenamente responsable de lo que hace”.

Realidad. Los violadores son personas que no tienen ningún aspecto o rasgo físico determinado. Realizan una vida normal e incluso pueden ser personas respetadas en la comunidad. La justificación de enfermos sirve para quitar responsabilidad al violador.

Mito. “Es imposible violar a una mujer en contra de su voluntad”.

Realidad. En el delito de la violación parece que socialmente se le exige a la mujer víctima, un “certificado de haberse defendido”, lo que no se pide en otros delitos como pueden ser robos u otro tipo de agresiones. En una situación, en la que está en juego la vida de una persona debería aconsejarse no oponer resistencia y obedecer las órdenes del agresor, sin que esto signifique que la mujer dé su consentimiento.

 

Extraído del Curso IGUALDAD DE OPORTUNIDADES: APLICACIÓN PRÁCTICA EN SERVICIOS SOCIALES impartido por el Instituto de la Mujer.

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