Rita Morrigan, la autora de "El sueño de una bruja"

De la antropología a la ficción romántica

Rita Morrigan, escritora de novela romántica, nació en un pueblecito costero de Galicia (España). Es licenciada en Sociología por la universidad de A Coruña y sus primeras obras fueron ensayos basados en sus trabajos de campo en materia de antropología social. Compagina esta faceta desde el año 2010 con la narrativa romántica como autora de las novelas Dulce Camino Espinoso (Editorial Vestales, 2010) e Íntimo Sendero de Magia (Vestales, 2011), ambas pertenecientes a la exitosa serie Rohard. Su última publicación se titula “El sueño de una bruja”.

Entrevista

¿Cuándo comenzó tu pasión por la escritura?

Lo mío fue algo bastante casual. Vivo en un lugar en el que siempre ha existido una gran tradición oral, por lo que desde mi infancia he sido muy aficionada a escuchar y contar historias. Pero el hecho en sí de sentarme frente al ordenador y decir “a ver qué sale”, ocurrió después del fallecimiento de mi abuela; quizás uno de los momentos más complicados de mi vida, en el que necesité de ese ejercicio de evasión. Al terminar esta novela, que se tituló “Dulce Camino Espinoso”, se la pasé a algunas amigas y me animaron a que la presentara a una editorial. Hubo un poco de suerte y… aquí estoy.

¿Cuál fue el primer libro que leíste?

Seguramente algún cuento. No lo recuerdo porque empecé a leer muy prontito. En mi casa siempre hubo muchos libros y ya leía con tres años. Me maravillaba la idea de que aquellos objetos extraños de papel contuvieran historias, así que me apuré en aprender a descifrarlos. Pero algunas historias que conservo con mucho cariño en mi mente son las de “Alicia en el país de las maravillas” y “El principito”. Ah, y “Fray Perico y su borrico”, una de mis favoritas de las de Barco de Vapor, que leí y releí durante años.

¿Tu género literario favorito como lector?

Aunque leo de todo, lo que más predomina en mi estantería es la narrativa.

¿Qué te hizo decidirte y dar el paso definitivo para ser escritor?

Como te decía, las historias siempre han estado muy presentes en mi vida. El paso decisivo para sentarme a escribir fue, en realidad, una mala época; por un lado la desaparición de mi abuela, y por otro coincidió además que me quedé sin empleo. Así que imagínate el panorama: muy triste, con las emociones a flor de piel, y con todo el tiempo libre del mundo. ¿No te parece un caldo de cultivo ideal para el surgimiento de un escritor?

¿Cuál fue la reacción de tu familia y amigos cuando dijiste: “Quiero ser escritor”?

Ya te contaré cuando se lo diga… (Risas)

¿Tu momento favorito para escribir?

Por la noche, cuando el pueblo y la casa descansan. Yo soy de una aldea muy pequeña; somos unas cuarenta casitas encaramadas a lo alto de un acantilado, todas muy juntas para abrigarnos del viento del Norte. Así que durante el día lo escucho todo, todo me distrae. Somos pocos, pero muy ruidosos. Hay tanto bullicio y tanta actividad que me es imposible concentrarme. Pero la noche lo cambia todo, es mágica, y se da uno de los mejores ambientes para escribir: hay un enorme silencio que solo rompe el ruido de las olas al estrellarse contra las rocas, además del chirriar de los insectos en verano, y el haz de luz del faro que de tanto en tanto sobrevuela la aldea; quiero pensar que para iluminarme las ideas, aparte de advertir a navegantes, claro está.

Afortunadamente, hoy en día tengo un horario laboral bastante flexible que me permite aprovechar las noches para escribir.

¿En qué género te sientes más a gusto escribiendo? ¿Cómo definirías tu personalidad como escritor?

Siendo la narrativa el género que más leo, también lo es a la hora de ponerme a escribir.

Por lo que respecta a mi personalidad a la hora de escribir, me considero una escritora más de fondo que de forma. Me explico: Para mí es muy importante colocar al lector en una escena haciéndole ver el escenario, el aspecto de los personajes y las emociones que les guían en cada momento, sin complicarme demasiado con extensas descripciones o un lenguaje rebuscado. Un día una lectora me dijo: “Leerte es como ver una película”. Eso es exactamente lo que quiero: abstraer completamente al lector. Pienso más en cómo colocarle en un paisaje para que perciba su belleza, que en la belleza de la descripción en sí. Esto seguramente sea una herencia de aquella tradición oral de la que te hablaba; pues me crié escuchando y narrando cuentos improvisados, en los que es esencial buscar la rápida empatía con el personaje, además de un lenguaje sencillo que no desanime al oyente y mantenga en todo momento su atención.

¿Qué destacarías de tu experiencia como autor autopublicado?

La libertad, desde luego, pues controlas todo el proceso. Además, te permite desarrollar otras facetas creativas como el diseño, pues al final tú decides el aspecto que tendrá tu libro. Yo ya había publicado ensayo: tres volúmenes sobre antropología social que, al ser subvencionados por instituciones públicas, me permitieron adquirir una serie de conocimientos sobre edición que decidí aprovechar. Hasta el momento solo puedo decir cosas buenas de mi experiencia.

¿Qué errores has cometido como escritor novel que hoy no cometerías?
Pese a tener seis obras publicadas, entre ensayo y novela, me siento como una escritora novel y seguramente aún esté cometiendo todo tipo de errores de principiante. Pregúntame dentro de cuarenta años y te digo (Risas).

¿Escribes para ti o para el futuro lector?

Escribo para la lectora que hay en mí, es decir, trato siempre de escribir aquello que me gustaría leer. Así que se podría decir que escribo para mí.

¿Qué crees que es imperdonable para un escritor?

Yo no diría tanto como imperdonable, pero no me identifico para nada con el escritor que tiene como gran meta la fama. ¿Qué puede ser una gran meta para un escritor? Tal vez llegar a vivir de la escritura; lo cual me parece un gran sueño (no se me entienda mal). Sin embargo, pienso que es un error creer que la calidad va en función de la cantidad de ventas. Normalmente, el número de ventas está directamente relacionado con la fama, y se tiende a pensar que cuanta más gente te conoce, mejor eres como escritor. Yo no pienso así. Por eso he decidido no plantearme ninguna meta en mi viaje por el mundo de la escritura y, simplemente, disfrutar del paisaje. Me divierto con todo lo nuevo que me sucede. Por ejemplo, que tú me estés haciendo esta entrevista, y que os interesen las respuestas, me parece algo alucinante.

¿Cómo surgió la idea de “El Sueño de una Bruja”?

Hace mucho que revoloteaba en mi cabeza. Cuando en la universidad estudiaba antropología social, y devoraba los estudios del antropólogo Carmelo Lisón sobre la brujería en Galicia, en mi mente bullían las historias. Las brujas siempre me han parecido interesantes. La mayoría se parecían bastante a Elisa: solían ser mujeres sin lazos familiares; o bien por pérdida, o porque habían sido repudiadas por alguna conducta escandalosa. Eran sospechosamente independientes para una época en la que la mujer estaba sometida al varón, y manejaban un tipo de conocimientos que todavía añadían más misterio y desconfianza a sus vidas. Claro que no siempre lo usaban para el bien, sino que algunas personas también acudían a ellas para hacer el mal (no era el caso de nuestra protagonista, pues a Elisa la podríamos considerar más una curandera o una bruja blanca, que una meiga). Pero tenían una función en la comunidad, y era una función importante; daban soluciones o explicaciones a hechos que escapaban al control humano.

Por otro lado, en el “El Sueño de una Bruja” hay muchos otros elementos personales: como la relación de los protagonistas con sus abuelas, o la forma en la que entiendo el amor; como la pasión surgida de la amistad y el compañerismo, más allá de cualquier prejuicio. Me fascinan aquellas personas que, pudiendo elegir, eligen hacer el bien sin tener en cuenta intereses personales y convencionalismos. De hecho, considero que la auténtica magia de la vida está en tenerlas cerca.

¿Con qué personaje te quedarías?

La pareja protagonista de Andrés y Elisa me encanta; la reticencia de ella y la simpatía de él, la fortaleza de ambos para ser fieles a sus principios me hace sentir muy identificada. También adoro a Cristóbal y Clara, porque es imposible no empatizar y emocionarte con su situación. Sin embargo, de entre todos ellos, el que me inspira más ternura es Don Cosme, el viejo cura del pueblo de Valentía. Don Cosme es algo así como el reflejo de lo que pasa cuando no somos fieles a nosotros mismos, cuando preferimos no lanzarnos y renunciamos a un sueño valioso para luego arrepentirnos. Sin embargo, pese a ser un hombre frustrado no culpa a los demás.

¿Qué proyectos nuevos tienes en mente?

A petición de las seguidoras de la saga Rohard, y de los propios personajes, que estaban deseando enamorarse, estoy trabajando en la historia de María Lezcano y Eric Nash. Cerraría así la trilogía Rohard, que empezó con “Dulce Camino Espinoso”, para seguir con “Íntimo Sendero de Magia”. Además, de tanto en tanto seguiré subiendo relatos cortos y gratuitos a la página “Mis Relatos” del blog www.ritamorrigan.blogspot.com

¿Qué le dirías a la persona que está leyendo esta entrevista, para que se interesara por “El Sueño de una Bruja”?

¿Has tenido alguna vez un sueño, un deseo que parecía inalcanzable? ¿Has dudado si merece la pena el esfuerzo de perseguirlo? ¿Has creído saber exactamente lo que querías, cuando la vida te ha sorprendido con algo inesperado? Si has respondido que sí a las tres preguntas, seguramente seas una soñadora y, seguramente, esta historia podría gustarte.

Muchísimas gracias por tus preguntas, Annabel. Ha sido un auténtico placer conocerte, y me sentiré muy honrada de contarte a partir de ahora entre mis amistades. Os mando a ti, y a tus lectoras y lectores, todo mi cariño.

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