La hipocresía de Don Dinero

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Desde que salió a la luz el escándalo de los papeles de Panamá, no han faltado los comentarios A FAVOR y/o justificando el evadir el pago de impuestos. Lo que más me asquea es la hipocresía y desvergüenza de los que van dando lecciones y luego se llevan su dinero fuera de España.

Hubiera esperado (ilusa de mí) que se criticara que el Estado cobre impuestos abusivos para que luego los chorizos de turno se lo embolsen, que se indignaran por cómo los autónomos o las Pymes pagan más en relación a las grandes fortunas o que se exigiera una buena gestión para que realmente esos impuestos reviertan en los ciudadanos; pero no. En estos días he tenido que leer/oír (y sufrir) comentarios del tipo de Aguirre “Si no fuera política, haría lo que pudiera para pagar los menos impuestos posibles” o las perlas de Bertín Osborne (que por compasión conmigo misma y con mi estómago, evito repetir aquí), quien alardea de no haberse dejado “robar”; o de Aznar que le faltó gritarle al Ministro de Hacienda: “Montoro, tú antes molabas”.

A estos, sólo recordarles que gracias a los impuestos cobran su sueldo y el otro, el que lo cobra de su trabajo, bien que pidió subvenciones públicas (dinero del Estado, no lo pintan, por si no lo sabe).

A los demás curritos de España que se dedican a aplaudir y justificar como los que tienen, se ríen de todos los que no tenemos, sólo decirles una cosa: Os han vencido; y su mayor logro ha sido haceros creer que estáis en el mismo barco, cuando vosotros sois los que remáis mientras ellos toman el sol en la cubierta. ¿Demasiado metafórico? Lo diré más sencillo, os han dicho que tenéis la obligación de pagar, mientras ellos no lo hacían y cuando se ha descubierto el pastel para que no les linchéis (porque nos han tomado el pelo), os han vendido la moto de: “¡Eh! Si somos colegas, si somos iguales, ¿a qué a ti el Estado también te roba?” Y habéis respondido “Sí, sí, sí. Estado malo. Famoso bueno”. Y ellos tan “ricamente”, mientras las arcas más vacías, nosotros más pobres y ellos más ricos. En fin, sigamos, sigamos consumiendo chorizos de corbata; pero ojito, no vaya a ser que tarde o temprano, os termine dando una indigestión y cuando vayáis al Hospital (público) no puedan atenderos y todo “por culpa” de los put*s impuestos.

Redacción: Annabel Navarro

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