Las historias de Annie | La felicidad de lo incorrecto

Jennifer Aniston ha explotado. Harta de los rumores que cada poco tiempo giran entorno a su barriga. «No necesitamos estar casadas o ser madres para estar completas», expresa la actriz. Las reacciones no se han hecho esperar, tanto a favor como en contra. No voy a entrar en si Aniston ha contribuido con sus películas a perpetuar ciertos clichés o si debe aguantar el chaparrón por exponerse ella misma a los medios; tal como se ha criticado. Yo me quedo con el mensaje y sólo puedo sentirme agradecida porque una cara tan popular ponga los puntos sobre las “ies” y algo más animada, estoy tan cansada de sentirme el bicho raro…

A mis 33 años no tengo pareja ni perspectivas de tener pareja o hijos. Soy consciente que tengo “los días contados” (por eso de la caducidad biológica y esas cosas, ya tú sabes) y es una decisión que tengo que tomar para plantearme las posibles alternativas; pero hoy por hoy mis metas a corto plazo son otras. La estabiliad laboral y económica es mi principal preocupación y mi mayor barrera social; supongo que no tener pareja hace que el tema quede en un segundo plano. Tener una mentalidad progresista tampoco es algo que juegue a mi favor, sé que no sería feliz en un hogar tradicional.

Entoces te conviertes te convierten en el bicho raro y los comentarios no dejan de sucederse. “Tú ya tienes una edad”, “debes plantearte buscar a alguien para ser feliz, “tienes que pensar en casarte y tener hijos”… y antes, según quien, me molestaba más o menos, pero ahora sea quien sea quien me lo diga es como una patada en el estómago; porque el 9Mujer-con-dudas-pensando-que-quiere9.99% de las personas que acaban diciéndome eso son personas que viven una relación en la que ella tiene que ser madre, esposa, trabajadora y ama de casa mientras él sólo es aquella persona que trabaja y comparte ciertos momentos con su familia; o me lo dice el padre de alguien que empujó a su hija a un matrimonio abocado al fracaso (como acabó siendo) porque era lo que debía de ser; o aquel cuya hija se casó con un hombre al que no quería, siendo lesbiana, porque tenía miedo a hacer pública su condición sexual por la reacción de su entorno o gente cuya máxima aspiración es ser la señora de… o la madre de… Y está bien si así son felices con sus convicciones y decisiones, pero si yo no gasto mi tiempo en decirles cómo deben vivir sus vidas, si no me erijo conciencia de nadie… ¿por qué no me dejan en paz vivir con mi vida y se muerden la lengua en vez de amargarme la existencia? Si no quiero ser la madre de… la señora de… si quiero ser LA MUJER que además tiene un hombre maravilloso a su lado y tiene un hijo, o quiero ser simplemente LA MUJER; ¿cuál es el problema?

El problema es que la mayoría de la gente no entiende la sutil diferencia y con la coletilla “lo digo por tu bien” creen que todo está solucionado; sin ser conscientes que elija lo que elija, si me hace feliz ESTARÁ BIEN, pues olvidan que mi vida es mía con mis aciertos, mis errores… y, sobre todo, con mis convicciones.

Redacción: Annabel Navarro.

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