Juan Sevillano, el autor de “Memoria del Paraíso”

Nunca es tarde para volver a empezar

Juan Sevillano, Los Yébenes (Toledo), 1944, es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de “En la aceptada orilla”, Madrid 1973, Premio Agroman de Poesía 1972. Publica poemas sueltos en revistas de poesía durante los años 70, no volviendo a publicar hasta la fecha, a pesar de no haber dejado de escribir durante todo este tiempo tanto poesía como prosa.

Entrevista

-¿Cuándo comenzó tu pasión por la escritura?

Los inicios de mi afición, (prefiero llamarla así, en lugar de pasión, que suena un tanto presuntuoso, creo yo), tuvieron lugar en la escuela. Una escuela pública de una barriada madrileña, en 1955. Tenía yo, pues, once años. Allí, la suerte me deparó el conocer a un anciano maestro, mi querido e inolvidable don Anselmo. Él fue quien me proporcionó las reglas más elementales para expresar mis primeros balbuceos literarios. Reglas que, con el paso del tiempo y los estudios, se han ido ampliando, enriqueciendo, haciéndose más sólidas. Pero, lo esencial, ya estaba en sus enseñanzas y en su aliento. A nadie le debo tanto como a él en este aspecto. A ello se hace una mención explícita en el libro, como un humilde homenaje a uno de los primeros seres luminosos de mi vida.

-¿Cuál fue el primer libro que leíste?

Mi primer libro, en edición no resumida, lo recuerdo perfectamente, fue “El Capitán Fracasa”, de Gautier. A continuación, vinieron “La isla del tesoro” “La Flecha Negra”, “Viaje al centro de la tierra”… El mismo don Anselmo se encargó de suministrarme, uno tras otro, una extensa y magnífica selección de libros inolvidables, que aún sigo releyendo, y que culminó con “El Conde de Montecristo”, justo al cumplir los catorce años. Anteriormente a todo esto, pues, como la mayoría de los muchachos aficionados a la lectura de aquella época, supongo, todos los cuentos clásicos, (Grimm, Perrault, Andersen), y las versiones resumidas/adaptadas de la inolvidable Colección Historias, de Bruguera, y los para mí entrañables mini libros de la Enciclopedia Pulga, de los que llegué a ser un insaciable devorador. Recuerdo que, aquí, la adaptación de “El Capitán Fracasa” se titulaba “A punta de espada” y el orden de los capítulos estaba totalmente alterado, (además de resumido), como descubrí con asombro y decepción cuándo leí la obra en su edición íntegra.

-¿Tu género literario favorito como lector?

No tengo géneros favoritos. Ni siquiera creo en ellos. Comprendo que para orientarse se hacen inevitables las etiquetas y las clasificaciones. Yo eso se lo dejo a los críticos y a los cataloguistas editoriales. En cualquiera de los géneros al uso hay verdaderas obras maestras, y, asimismo, en todos ellos se puede encontrar mala literatura, (tampoco quiero cargar las tintas). Por otra parte, las grandes joyas de la literatura, las verdaderamente excelsas, resultan inclasificables respecto a los géneros establecidos, pues participan de varios de ellos, transgrediendo sus límites, como la vida misma, donde están todos contenidos. Contestando, pues, a tu pregunta: Como lector, me apasiona la literatura, la buena literatura, y me da igual el género al que pertenezca o la hayan adscrito.

– ¿Qué te hizo decidirte y dar el paso definitivo para ser escritor?

Creo, sinceramente, que nunca di ese paso ni tomé decisión alguna respecto a ser escritor, al menos conscientemente. Como ya he dicho, empecé a escribir muy joven, tanto relatos como poesía, sin otra motivación que la necesidad imperiosa de expresar ideas y sentimientos. Nunca, que yo sepa, tuve la pretensión de “ser escritor”. Me sigue pareciendo un tanto petulante.

– ¿Cuál fue la reacción de tu familia y amigos cuando dijiste: “Quiero ser escritor”?

Pues, como he dicho antes, nunca pronuncié esa frase, ni se me pasó por la mente. Esa frase yo la asocio con pretender vivir de la escritura, algo muy loable, pero que en mi caso, nunca me planteé. Concibo la escritura, (quiero decir la mía), como un ejercicio muy personal, (y doloroso), de indagación, a la búsqueda de respuesta a preguntas para mí vitales. Un escritor actual, al que admiro profundamente, dijo, hace mucho, en una entrevista: “La escritura para mí es un juego. El de la ruleta rusa, por supuesto”. Lo suscribo totalmente.

– ¿Tu momento favorito para escribir?

No los tengo. No soy ni constante ni metódico a la hora de escribir. Eso sí, siempre que se me viene una idea a la mente la anoto en mi cuadernillo de notas, me encuentre donde me encuentre. Pero se pueden pasar meses sin que me ponga e desarrollar alguna de esas ideas, ya sea en prosa o en verso.

-¿En qué género te sientes más a gusto escribiendo? ¿Cómo definirías tu personalidad como escritor?

Ya he dicho antes lo que pienso de los géneros literarios. Ahora bien, esencialmente, me siento poeta. Y cuando escribo en prosa creo que se nota, al menos yo no intento disimularlo. De hecho, algún lector de “Memoria del Paraíso” me ha “reprochado” que, para su gusto, tiene demasiada poesía. A todos mis relatos se les puede acusar del mismo delito. Dicho esto, los “géneros” que prefiero y en donde me gusta expresarme son el costumbrismo social, tanto en su vertiente realista como en la forma, más libre y personal, de parábola. Aquí es donde mejor me muevo

-¿Qué destacarías de tu experiencia como autor autopublicado?

Bueno, en realidad, yo no he movido un solo dedo para la publicación de “Memoria del Paraíso”; y, de hecho, jamás pensé en publicarlo. Fue el entusiasmo de un grandísimo amigo mío el que hizo posible que apareciera tal cual está. Cuando terminé de escribirlo y repartí copias entre mis amistades lectoras, esta persona, se sintió tan conmovida y entusiasmada que me propuso publicarlo en Amazon, y, ante mis reticencias y evasivas, me pidió que lo dejara todo en sus manos. A él se debe, pues, todo el mérito, que no es poco, de maquetación, portada y toda la documentación y trasiego de datos que requiere la publicación. Dicho esto, en mi experiencia como autor “autopublicado”, yo destacaría, sin duda alguna, las personas extraordinarias, algunas muy especiales, que me ha permitido conocer mi labor posterior para promocionar el libro.

-¿Qué errores has cometido como escritor novel que hoy no cometerías?

Como te he dicho, empecé a escribir muy joven. A esa edad, no es que se cometan errores, yo diría más bien que se dan palos de ciego hasta dar con el camino, con tu propio camino. Esa travesía hasta encontrar tu estilo personal, sin abominar en absoluto de las influencias recibidas, está llena de intentos fallidos, como muy bien explica Miguel Hernández, cuando pide disculpas, con una honradez que le hace justicia y le pone por encima de muchos grandes, por sus primeros e inexpertos balbuceos poéticos, donde se intercala, según confiesa, algún que otro plagio. Pero yo no lo llamaría errores.

-¿Escribes para ti o para el futuro lector?

Cuando escribo, no pienso en para quién. Intento expresar lo que quiero decir con el mayor rigor del que soy capaz. En esto soy muy exigente conmigo mismo; mi obsesión perfeccionista me lleva a veces casi a desesperarme por lo que considero mi falta de talento al no ser capaz de dar a la idea la forma que me deje satisfecho. Bueno, pues, si después de todo eso, el trabajo gusta al que lo lee, lo considero el mayor de los premios con el que puede soñar un autor. Pero, en principio no pienso, en absoluto, en los posibles lectores.

-¿Qué crees que es imperdonable para un escritor?

Intentar gustar a toda costa y a cualquier precio, traicionándose a sí mismo. Esto es muy fácil decirlo cuando no se vive, económicamente hablando, de ello. Comprendo que cuando se hace de la escritura un oficio remunerado del cual se vive, y el escritor es un eslabón más en la cadena productiva, al final de la cual se habla de beneficios y rentabilidades, no siempre es posible mantenerse puro y libre. Digo que no siempre es posible. Ojalá lo fuera en todos los casos.

-¿Cómo surgió la idea de “Memoria del Paraíso”?

Desde hacía tiempo me tentaba la idea de escribir, (describir), el realismo sociológico de la España urbana, (suburbial), de mi niñez. Pero, al mismo tiempo, me repelía la idea de hacerlo a través de una novela de corte clásico, de las que existen a miles, y algunas, realmente buenas. Al final, tras mucho darle vueltas al tema, encontré una solución que no me desagradaba: Crear a los personajes de una novela, en lugar de la novela misma. Y, además, vistos desde su propia altura, es decir, retratados y analizados por uno de ellos. Los personajes debían tener ante todo “autenticidad”, raigambre, de tal forma que, al echarlos a andar, ellos mismos, con su pasión de vida, sus miserias y esperanzas, fueran creando la urdimbre de su propia novela y presentársela al lector sin la intermediación del autor. Esta idea se fue imponiendo a los propios recelos que me causaba el meterme en un terreno tan resbaladizo. Creo que todo ello está razonablemente conseguido, pero, eso, son los lectores quienes deben decidirlo.

-¿Con qué personaje te quedarías?

Varios de los personajes de “Memoria del Paraíso”, como el pordiosero Aloloco o el rufianesco Granaíno, realmente transcienden la historia para convertirse en símbolos de lo que fue la España suburbial de los años 50. Son personajes de los que me siento bastante satisfecho. Pero, si tuviera que elegir a uno, elegiría, sin duda, a M**, el autor del Diario, al que uno de los lectores del libro ha definido como “un alma pura abriéndose paso por los dominios de la crueldad y cuyos ojos son capaces de poner color a una España gris”.

-¿Qué proyectos nuevos tienes en mente?

Varios. A corto plazo, reunir toda mi obra poética e intentar publicarla en Amazon, al igual que “Memoria del Paraíso”. Lo mismo con varios de mis relatos, reunidos en un volumen. No estoy seguro de ser capaz, me siento bastante inútil en esta materia. Pero con alguna ayuda, hasta un inútil como yo es capaz de hacer grandes cosas. A medio y más largo plazo, ya veremos. Tengo dos novelas bosquejadas, una de ellas bastante perfilada, pero mis nietos tienen prioridad…

– ¿Qué le dirías a la persona que está leyendo esta entrevista, para que se interesara por “Memoria del Paraíso”?

Le diría que si se quiere emocionar con una historia inolvidable, dura y con alma, que le llegará al corazón, un canto a la amistad y a la vida con un paisaje de sordidez y adversidad de fondo; si quiere saber, de verdad, cómo era la vida de los niños de la posguerra en un suburbio del sur de Madrid; si quiere, en fin, leer una novela diferente sobre la crudeza de la lucha por la supervivencia y la esperanza… Que lea este libro.

Memorias del paraíso

Conjunto de relatos que muestran la realidad a través de los ojos de un niño. Una historia conmovedora que llave al lector a querer continuar con la lectura.

Disponible en Casa del Libro

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