Helado de Chocolate

Lara observaba a su hijo desde la puerta; éste permanecía sentado en uno de los columpios del jardín trasero. Desde que había regresado del colegio se había mostrado callado y distante; algo poco habitual en él. La mujer había decidido darle espacio; pero comenzaba a impacientarse, no estaba dispuesta a demorarlo más. Recorrió la distancia que los separaba y tomó asiento en el columpio contiguo.

¿”Va todo bien?”, indagó Lara. Lucas se limitó a preguntar. “¿Sabes qué día es hoy?” La mujer frunció el ceño preocupada, rezando por no haber olvidado alguna fecha importante. Debía responder algo. “Hoy es martes”, concluyó expectante. “No, mamá”, la corrigió. “Hoy es 14 de febrero”, probó ella de nuevo. “Hoy es San Valentín”, puntualizó Lucas. “¿Y por eso estás triste?”, Lara seguía sin entender. Él se encogió de hombros, metió la mano en el bolsillo de su pantalón y le mostró algo a su madre. Lara dibujó una modesta sonrisa. Un corazón de papel roto en mil pedazos la ayudó a comprenderlo todo. “¿Te apetece helado?”, invitó cambiando de tema. El niño asintió entusiasmado e inició la marcha hacia el interior de la casa.

Lara no podía apartar sus ojos de él. Por primera vez en su vida, con tan sólo siete años, a su hijo le habían roto el corazón y no había mejor remedio para ello que el helado de chocolate. Helado, y dejar al tiempo hacer su trabajo; pero esto último era algo que Lucas tendría que aprender por sí mismo.


Microrrelato para el concurso SWEEK – Palabra de la semana “Corazón”

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