Trabajo Social | Desmontando mitos sobre la violencia de género (I)

La violencia contra las mujeres se intenta racionalizar, vinculándola sin razón científica al alcoholismo, adicciones, celos, marginación, enfermedad mental y otros factores que, aunque pueden actuar como condicionante, no convierten a los hombres en agresores.

A continuación, recogemos algunos de los mitos que existen en nuestra sociedad sobre la violencia de género:

Mito. “Sólo en las familias con “problemas” hay violencia”.

Realidad. En todas las familias y uniones hay problemas, bien económicos, laborales, de salud o los derivados de la propia convivencia entre varias generaciones, pero lo que diferencia a unas de otras es la manera de solucionarlos. En unos casos se hace a través de la violencia y nunca se resuelven, sino que se agravan y, en otras utilizan la escucha, el diálogo, el respeto mutuo y la negociación.

Mito. “Hombres adictos a drogas como el alcohol; también hombres en situación de desempleo, con estrés en su trabajo… son violentos (sólo contra las mujeres, no con las amistades, compañeros o compañeras,…) como efecto de su situación personal”.

Realidad. Se intenta justificar a estos hombres a través de circunstancias problemáticas de carácter transitorio. Pero esto se desmiente al demostrar que también son violentos cuando no están sometidos a ninguna adicción o situación conflictiva concreta, siendo más bien las relaciones de “poder sobre” las desencadenantes (se ha comprobado, en ocasiones, que estos hombres ante la autoridad policía,…- y en proceso de consumo autocontrolan perfectamente sus impulsos). Los propios medios de comunicación justifican en muchas ocasiones la búsqueda de un perfil de hombre “anormal”. Además, muchos de estos hombres no son violentos en su medio social o laboral, tienen una imagen de persona respetable e incluso admirada. De hecho, no muestran violencia contra sus amistades y compañeros o compañeras de trabajo, vecindario,…

Mito. La violencia dentro de casa es un asunto de la familia y no debe salir ni difundirse fuera”.

Realidad. Creer que la familia es un ámbito privado e “intocable”, ha hecho que siempre se vea disculpada e ignorada la violencia en el espacio doméstico, tanto por los poderes públicos como por la propia sociedad. Ante los delitos que se cometen en la familia, las personas callan y no intervienen por un falso respeto a su intimidad. Ningún acto que dañe a las mujeres física y/o psicológicamente puede ser considerado como privado, a resolver, exclusivamente, dentro de la familia. Hay que tener en cuenta la responsabilidad de la vecindad, entorno familiar, amistades, etc. Es habitual escuchar tras un asesinato que los vecinos y vecinas sabían del tema, y claro, no hicieron nada. Ahora la Ley recoge la responsabilidad de poder denunciar esta situación.

Mito. “La violencia sólo existe en familias con pocos medios económicos”.

Realidad. La violencia se da en todos los grupos sociales, económicos y étnicos. Existe una tendencia a pensar que las mujeres de familias con más recursos económicos no sufren violencia por razón de género. Esto no es cierto, ya que la violencia que soportan puede ser no tanto física como psicológica, pero también afecta a su identidad como mujeres, causándoles un daño muy importante. Estas mujeres, a pesar de contar con más recursos económicos, pueden tener otras presiones de tipo social para no comunicar su problemática o demandar ayuda de los servicios sociales. Por ejemplo: salvar la carrera profesional de la pareja, vergüenza ante su círculo social, “el qué dirán”, aparentar que su vida es un éxito, etc.

Mito. “Siempre se exagera la realidad cuando se habla de violencia contra las mujeres”.

Realidad. Cuando una mujer solicita ayuda, generalmente la situación ya es preocupante. Los hombres violentos y la sociedad en general, no lo reconocen y niegan sus actos, exagerando la actuación de la víctima para quitar peso a la del agresor; de ahí, las típicas frases de “no es para tanto” o “quien confunde la realidad es la propia mujer”.

Extraído del Curso IGUALDAD DE OPORTUNIDADES: APLICACIÓN PRÁCTICA EN SERVICIOS SOCIALES impartido por el Instituto de la Mujer.

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