Las historias de Annie | Cuestión de actitud

Cada persona es resultado de su entorno y sus circunstancias, las cuales hacen que valoremos ciertos aspectos y dramaticemos en según qué momentos. Somos el epicentro de nuestro propio micromundo y, en función de este, establecemos los grados de importancia; pero hay ciertas situaciones, con determinadas personas, que hacen preguntarme… ¿Hasta qué punto la actitud dramática convierte a las personas en tóxicas para nuestra salud mental?

Hay personas que montan en cólera porque suspenden la emisión de su programa favorito, otras que penan por los rincones si se ha trucado algún plan, otras que se hunden en la tristeza más profunda si no ven adulado su ego; personas que se rodean de un halo de negatividad por no ver satisfechas sus demandas (que no necesidades) al final del día. ¿Hasta que punto su negatividad nos afecta? ¿Hasta que punto dejamos que nos afecte?

No podemos elegir a nuestra familia o a nuestros compañeros de trabajo; pero sí podemos elegir a la gente de la que queremos rodearnos y, sobre todo, podemos elegir lo que dejamos que nos afecte y lo que no; y aquí es donde está lo que diferencia a las personas tóxicas de las personas con luz (personas que escasean; pero que si te cruzas con ellas, por favor, no las dejas escapar). Todo es cuestión de la actitud que adoptemos ante los reveses de la vida: ser capaces de quitar importancia a aquello que no merece nuestra energía, no permitir que nuestra moral se merme por cosas que escapan a nuestro control, dejar de ser víctimas de nuestras circunstancias y convertirnos en creadores/consumidores de momentos felices. Un estilo de vida, a veces nada sencillo, que determinará cuántas personas tóxicas sufriremos; pero lo más importante, cuán tóxicas seremos para los demás.

Deja un comentario