#Breakgelina | La polémica tiene nombre de mujer

No importa cuánto creamos que la sociedad ha avanzado, la mujer sigue estando en el ojo del huracán

Si una noticia ha irrumpido con fuerza en tabloides y redes sociales es el supuesto divorcio entre Brad Pitt y Angelina Jolie. Según han afirmado los medios, Jolie ha presentado una demanda de divorcio por diferencias irreconciliables. Para muchos será el tema jugoso de la temporada, para otros la página a pasar en los periódicos, para mí… un perfecto ejemplo de lo poco que hemos cambiado.

Durante la polémica suscitada, todas las críticas han apuntado a Marion Cotillard como “rompedora de hogares”, a Jennifer Aniston como la exmujer reconrosa que celebra la ruptura y a Angelina Jolie como la cornuda. El perfecto reparto y argumento de una telenovela venezolana en el que los comentarios machistas y misoginos no han dejado de salpicar las pantallas de nuestros celurares.

Cotillard ha tenido que soportar insultos por ser la causa (inventada o no, parece ser lo de menos) de romper a la pareja ideal de Hollywood y ser la víctima de los haters más rastreros y moralistas de IG; se empeñan en que Aniston se alegra del mal ajeno y se ensañan con justificar con el karma el desenlace para Jolie. Y realmente, me importa poco la vida de ellos; lo que me resulta chocante y alarmante es que se siga acuñando que la polémica tiene nombre de mujer.

Olvidemos los nombres para que no parezca que hablo de algo frívolo; llamémosles Ana, Sara, María y Pedro. No importa que Pedro fuera el que le debiera lealtad a su mujer, que Ana esté felizmente enamorada de su marido del que espera un hijo, que Sara haya rehecho su vida y María sienta y padezca (por mucho que ella se hubiese enamorado en su momento de un hombre casado). Nada importa, porque en este mundo en el que muchos se empeñan en demonizar el feminismo y a llenarse la boca afirmando que la igualdad entre hombres y mujeres está alcanzada, la mujer siempre será la responsable de los males de la humanidad, la culpable de que un hombre engañe a su esposa y la que llorará por los rinconces hasta el fin de los tiempos por desamor; mientras Pedro, Brad o Manuel siguen llenándose de gloria y escapando de la controversia sin hacer ruido.

Definitivamente, no importa cuánto creamos que la sociedad ha avanzado, la mujer sigue siendo la diana de todos los dardos envenenados.

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